Aunque hayan pasado diez años de la muerte de nuestra hija Patricia y el duelo intente difuminarse, todavía está presente entre nosotros la gracia de su sonrisa y el color de su pelo. Sus besos, su olor y su alegría se han quedado impregnados en el corazón y aún nos dormimos tarde, como cuando charlábamos juntos hasta altas horas de la noche.
Miguel Carlos Gómez Perona, director de música, quien conoció a Patricia personalmente como parte de su grupo, en el que tocaba el violonchelo, ha sabido esperar pacientemente el décimo aniversario de su marcha para ofrecerle una elegía en forma de música.
Sabemos de nuestro maestro Miguel Carlos que la idea de organizar el mayor espectáculo musical de su carrera no surgió de improviso. La idea estaba esperando su momento desde el primer aniversario de la muerte de Patricia, cuando le ofrecimos un concierto en la iglesia donde se bautizó y se confirmó, para demostrarle cuánto amor sentíamos por ella. Fue Miguel Carlos el que quiso elevar la música al cielo y así pasó, porque, junto con su grupo de viento Maestro Moragues, nos hicieron volar por unos momentos y estremecer.
Hoy, diez años después, la vida sigue igual, pero nos ha marcado de una manera especial a todos los que la conocimos. Por eso queremos seguir recordándola y qué mejor manera de traerla con más luz a nuestros recuerdos que la música. La música que nos hará volver a sentirla, recordándola todos los que tuvimos la suerte de conocerla y tenerla entre nosotros como una melodía que se tararea cada vez que la escuchas.
La lucha contra la enfermedad que se la llevó, como a tantos otros niños, no debería ser la protagonista de este gran concierto, pero gracias a la solidaridad de los músicos, empresas colaboradoras, nuestro Ayuntamiento, familiares, amigos y tanta gente que está participando en la organización y puesta en escena de esta producción musical, seremos capaces de aportar un pequeño grano de arena para contribuir a aumentar los medios necesarios para que, con la investigación, se consiga la cura definitiva, poder aliviar el sufrimiento de tantas familias y evitar que otros niños se marchen antes de tiempo.
