De nuevo llegamos al 25 de Noviembre, fecha en la que todos y todas nos solidarizamos con las víctimas de la violencia de género. Donde todos y todas nos estremecemos al recordar a esas 47 mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas.
Pero también pensamos, casi de forma inconsciente, que seguramente no conozcamos a ninguna mujer que esté viviendo esa situación, que eso sea algo ajeno a nuestras vidas y que, por tanto, nosotros poco podamos hacer más allá de ponernos un lazo malva en la chaqueta o en el perfil del Whatsapp.
Pues he de decir que estos pensamientos están equivocados.
El maltrato psicológico y físico hacia la mujer convive con nosotros silencioso, sigiloso, sin huellas aparentes, y a puerta cerrada. Muchas veces se muestra en una humillación, un insulto, un desprecio o un mechón de pelo arrancado, pero si no queremos verlo, seguramente encontremos una justificación que los explique.
Y es aquí donde podemos hacer mucho: en no justificar. Porque nada justifica que, utilizando al amor como bandera, veas desaparecer tus sueños, tengas tus movimientos limitados, aguantes humillaciones y desprecios, te sientas inferior y sin decisión propia, te “castiguen” por lo que otro cree que es un error, sufras empujones y golpes… Nada se puede justificar, es simplemente violencia.
Seamos valientes y digámoslo en voz alta, no apoyemos a quien justifica la violencia. Rompamos con esos prejuicios arcaicos en los que hombres y mujeres están enfrentados, y en los que la libertad de la mujer se ve como una amenaza para el hombre.
Seamos ejemplo para nuevas generaciones, eliminemos modelos basados en el machismo y transmitamos a nuestros hijos e hijas que deben ser personas libres y autónomas.
Empecemos por nosotros mismos, pensando que cualquier mujer puede vivir esta situación y que podemos hacer mucho.
