Se acabó la racha. La UD Socuéllamos llevaba desde el 28 de febrero sin perder en el Paquito en temporada regular. Desde aquella derrota con el CD Ebro por 0-2, el Socu no perdía en casa. Y los números asustan. Han sido ocho victorias en ocho partidos con quince goles anotados y solo tres encajados. Y este domingo pintaba que seguiría la racha, más si cabe tras ir con ventaja de dos goles en algún momento de partido. Pero todo se esfumó en un abrir y cerrar de ojos.

Hay cosas negativas. Más allá de la peor de todas, que es la derrota. En fútbol, y más en esta categoría, las áreas son muy determinantes. Se falló atrás y delante. Es injusto sacrificar a Javi López por su error, aunque sería de necios eximir su culpa. Pero esto es un juego de equipo y los fallos fueron individuales y colectivos. El equipo falló en la defensa, en el medio y en la delantera. Nunca se pudo sujetar a Negredo y se tuvo dificultad en las bandas, aunque fue por el centro donde más daño hicieron. La medular no fue capaz de construir cuando el equipo necesitaba fútbol para tapar errores y la delantera no sentenció cuando debía. Dieguito no logró interpretar lo que el juego pedía y Cortell, con un fallo igual de grave que el de Javi López, no sentenció el partido cuando se quedó mano a mano con el portero rival.

Este año se apostó por un equipo más asociativo. Y es algo que estamos viendo cuando la cosa va bien, pero de momento no estamos logrando mantener la calma cuando la cosa no es favorable y se acude al fácil balón aéreo. Este tipo de partidos se logran nivelar con bandas. Y es algo preocupante que no estamos viendo. Ganamos pocas veces línea de fondo y considero que tenemos perfiles suficientes para insistir más por esa vía.

Siguiendo con mi patrón de optimismo, de las derrotas también se sacan reflexiones positivas. Sigo insistiendo en que Narváez puede ser una pieza muy importante del equipo. Desde la media punta y escorado en derecha, fue un gran generador de opciones, entendiéndose muy bien con Ramón. Y eso se podría multiplicar con Carlos García o Marín, que buscan más la profundidad. Aunque sigo sin verle en la base de la jugada, cuando debe construir el juego. Yo le considero un buen enlace, no un creador de juego.

Aunque se busca fútbol, y el entrenador estaba molesto por no conseguirlo, nunca es despreciable generar ocasiones por empuje. Y eso, al final, sí lo tuvimos. Es el mal menor que nos queda, ya que vimos que el equipo tuvo el carácter de buscar el empate y no se hundió tras el 2-3.

El fútbol te da reválidas muy pronto y este miércoles, aunque el objetivo prioritario es el campeonato liguero, hay un partido de Copa Cervantes que desemboca en una final. Da igual si es la Copa de la Galleta o la Liga de Campeones, no siempre uno entra en una final y eso es un motivo de celebración. Además, servirá, en caso de resultado positivo, para llegar al siguiente partido con buen sabor de boca, habiendo olvidado parcialmente lo negativo de la última jornada de liga.