Se disputa estos días en el Fulton Market Building, en pleno Manhattan, el Mundial de Ajedrez. Dos jóvenes genios: el actual campeón mundial y defensor del título, el noruego Magnus Carlsen, contra el aspirante ruso (natural de Crimea, antes Ucrania), Sergey Karjakin. Una batalla física y mental que está siendo bastante épica. Una lucha cerrada por la supremacía del deporte más feroz de todos. En ella, y tras ocho partidas, el ruso Karjakin está protagonizando un bombazo mediático al ir por delante (3'5 vs. 4'5) del noruego. Previamente, Karjakin sólo había vencido en modo clásico a Carlsen una sola vez en algo más de 20 partidas.

Muy poca gente daba como vencedor al jugador ruso antes de empezar el torneo. Sin embargo, Karjakin está sorprendiendo con una descomunal fuerza defensiva. Jugó las siete primeras partidas para forzar tablas (empate) y desesperar a su rival. Lo logró, salvo alguna excepción donde pudo conseguir la victoria, la fortaleza estratégica está permitiendo evitar cualquier ataque feroz del campeón mundial.

En la octava partida, la más reciente, Carlsen se cansó de estrellarse contra ese muro y decidió ir descaradamente al ataque. Hablamos de un jugador con una fuerza arrolladora en su juego y que devastaría a cualquier jugador del mundo. Sin embargo, su aterrador ataque acabó por provocar tres enormes fallos que un jugador de su calibre no se puede permitir. Los dos primeros no pudieron ser contestados por el gran jugador ruso, pero al tercer error le cazó y le ganó una partida que puede ser decisiva para arrebatarle el campeonato mundial.

Ustedes se preguntarán, ¿qué tiene que ver esto con el fútbol? ¿Y con la UD Socuéllamos? Nada, realmente nada. Simplemente, me permite unir ciertos puntos de conexión. Hoy en día, jugar en nuestro grupo fuera de casa requiere de una fortaleza. Algo que permita al rival estrellarse continuamente, desesperarse y provocar su error para aprovecharlo.

Desgraciadamente es algo que no estamos encontrando y que hemos perdido respecto a otros ejercicios futbolísticos. De los 80 equipos que componen esta categoría, estamos entre los tres peores fuera de casa. Y es algo que debemos cambiar.  Porque no siempre se ganará en el Paquito y necesitaremos los puntos de oxígeno que se consiguen fuera. Por supuesto, no es una situación delicada o límite, pero es una inercia que estamos obligados a cambiar.