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Viva la libertad

Juan Manuel Medina |

Juan Manuel Medina | 03 de julio de 2017

Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid. Este fin de semana en un viaje con mi familia a Madrid, coincidimos con un evento de repercusión mundial, la fiesta del Orgullo Gay.

Madrid eran una autentica torre de babel: infinidad de razas, lenguas, colores, religiones, todos unidos en una gran fiesta. Era la primera vez que yo veía en directo un acontecimiento de esta índole, y debo decir que me impresionó. En primer lugar, andar por la Gran Vía, El Paseo del Prado, la Castellana a mediodía por medio de la calle sin coches. Eso ya por si solo impresiona, ver la alegría y el colorido de cientos de miles de personas, el orden y el respeto con el cada uno andaba y se manifestaba. Solo la alegría y la reivindicación del derecho a la diversidad.

Familias enteras con sus hijos, parejas de hombres, de mujeres, grupos de gente joven y menos joven, pero todas viviendo la alegría de ese día.

Mujeres musulmanas con el velo islámico puesto, eso sí, debidamente camufladas con casco de motoristas -imagino que para ocultar su identidad ya que ni fuera de sus países pueden hacerlo con libertad-. Hombres y mujeres de países donde el hecho de ser ‘diferente’ les cuesta la cárcel, torturas y hasta la muerte, Rusia, países del Golfo Pérsico y un largo etcétera.

No vi ni una pancarta ofensiva a ninguna ideología ni religión, repito, solo la alegría y el poder expresarse cada cual como es, vive y piensa.

Y lo digo yo, que creo que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer y que esa unión tiene un vínculo sagrado. Pero lo mismo que yo pido que se respete mi forma de ser y pensar, pido y exijo que se respete a toda persona, piense como piense, aunque sea de forma diferente a la mía. La libertad desde el respeto es lo más sagrado que tiene el ser humano. Toda persona tiene derecho a ser feliz en la forma que crea conveniente. Nadie, bajo ningún concepto, puede ni debe condenar ni intentar que eso no pueda llevarse a cabo y si las leyes no lo protegen, las leyes deben cambiarse.

Todo esto contrasta con la repercusión con que la derecha ultramontana  mediática, económica, política y religiosa, se ha manifestado condenando este tipo de actos, como si de Sodoma y Gomorra se tratase, como si Madrid durante este fin de semana hubiera sido la capital del vicio y la lujuria.

La seguridad era impresionante y, aunque se veía policía, servicio sanitario del SAMUR, Emergencia, voluntarios, helicópteros de la policía, la seguridad se palpaba por las calles pero no agobiaba. Yo comentaba con mi familia que lo más seguro es que hubiera más policías de paisano que de uniforme, máxime, cuando estamos viviendo todos estos días atentados terroristas en otras grandes ciudades aprovechando las masivas  concentraciones de gente en las calles.

La perfecta organización de estos actos, la infinidad de personas de otros países que han venido a participar y a cuantos de forma voluntaria e involuntaria nos vimos en este ‘ajo’ -cosa de la que me alegro profundamente-, y sobre todo de ver como España ha dado ejemplo de tolerancia y convivencia al mundo entero.

Ojalá fuera igual para el resto de problemas que tenemos en la actualidad, aunque hay que reconocer, que si eso ha sido posible, es porque lo han organizado personas y colectivos que nada tienen que ver con los poderes públicos. Estos, muchas veces más interesados en sus prebendas y privilegios, que pensando en el bien común.

Solo me queda decir muy alto y muy fuerte: VIVA LA LIBERTAD.

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